Se cierra el caso del asesinato a profesor de inglés de Maldonado: sicarios fueron a prisión

Uno de ellos cobró $ 3.000. El otro $ 7.000. Por esa plata mataron a un hombre de un disparo en la cabeza el lunes 9 de julio del año pasado en la puerta de su casa, en la ciudad de Maldonado.

Esos sicarios que asesinaron al profesor de inglés Edward Vaz fueron imputados este miércoles de noche, según confirmó a El Observador la fiscal del caso, Silvia Naupp.

Los hombres tienen 22 y 38 años. El más joven –que fue a prisión preventiva hasta el 21 de agosto, cuando la fiscal presentará su acusación– estaba viviendo en la calle en Montevideo, y tenía un antecedente penal por atentar contra una propiedad. El otro ya estaba preso desde agosto de 2018 –un mes después del asesinato– por un delito de hurto especialmente agravado, por lo que no fue necesario que Naupp solicitara una medida cautelar.

Leé también

La compleja trama detrás del crimen de la mujer que contrató dos sicarios para matar a su marido Ambos fueron imputados por homicidio especialmente agravado por premeditación y muy especialmente agravado por promesa remuneratoria. 

Ninguno de los dos eran sicarios profesionales, pese a que cumplieron el encargo a la perfección: no dejaron prácticamente rastros y fueron buscados durante un año por la policía, hasta que esta semana fue detenido el que vivía en la calle, luego de ser registrado por cámaras de seguridad.

Una persona –que ya fue capturada a los pocos días– los fue a buscar a la capital y los trasladó hasta la parada 41 de la rambla de Punta del Este. Allí se bajaron y se subieron a otro auto, conducido por un albañil que trabajaba en la mansión en donde vivía la expareja de Vaz, Lulukhy Moraes, quien encargó a los hombres la tarea que estaban por realizar.

Este hombre que hizo de chofer hasta la calle Lavalleja –casi avenida Antonio Lussich–, en donde estaba la casa de la víctima, fue una de las piezas claves del caso porque fue el único de los involucrados que aportó información a Naupp. Admitió su participación y dijo que su intención fue hacerle ”un favor” a su patrona. Cuando los hombres se bajaron para cumplir con el encargo, él los esperó, y luego los devolvió al mismo lugar: la parada 41.

Este individuo fue acusado por la Fiscalía como coautor de un homicidio especialmente agravado, y es otro de los que espera su juicio en prisión preventiva, junto a Mauro Machado –que era la pareja actual de Moraes y quien contactó a los sicarios a través de la persona que los trajo desde Montevideo–, la propia Moraes –autora intelectual del crimen– y una amiga y socia de ella, Leticia Gianchino.

“Nos queda conseguir alguna prueba más para reforzar la evidencia, pero casi no nos queda nada pendiente”, dijo la fiscal Naupp, quien lamentó que, salvo el albañil, nadie más haya contribuido con la investigación.

Todos los imputados enfrentarán cargos que, en el mejor de los casos, los llevarán a la cárcel por un mínimo de 15 años

Entretelones  Cuando Vaz abrió la puerta de su apartamento en la calle Lavalleja –casi avenida Antonio Lussich– el lunes 9 de julio, minutos antes de las 22, tenía en su contra denuncias por proxenetismo y violencia doméstica, y una intimación para el pago de pensiones alimenticias adeudadas.

A su vez, Moraes –su excónyuge– tenía una denuncia de violencia doméstica presentada por Vaz y una demanda por daños y perjuicios presentada por la actual pareja de la víctima, quien sufrió el embargo de su auto –por una equivocación administrativa– a instancias de la intimación de pago por las pensiones. Además, de 2010 data una investigación que la tenía como protagonista por un caso de secuestro y sometimiento, que la Justicia finalmente archivó. “Eran dos personas, ella y su amiga, que se habían adueñado de un negocio y cacheteaban a otras mujeres, a quienes obligaban a expiar sus pecados”, cuenta el abogado de la familia de Vaz, Martín Etcheverry, que accedió a ese expediente.

La pareja se había casado en 1997, y cinco años después se mudó a una mansión ubicada en el selecto barrio residencial de Beverly Hills (Punta del Este), rodeado de árboles, silencio y otras exuberantes mansiones. Allí habían vivido con Leticia Gianchino, una amiga íntima de la mujer que, según fuentes del caso, fue quien obtuvo la financiación de esta enorme inversión –que superaba el millón de dólares–, al enrolarse en una relación amorosa con un millonario político argentino. Este último dato fue lo que en su momento suscitó la atención de muchos medios argentinos y algunos de otros países.

La pareja vivió junta durante una década, hasta que él se mudó y los hijos de ambos se quedaron con ella. Sin embargo, al poco tiempo, luego de pelearse con la madre, los dos se fueron de la mansión. El menor se fue con Vaz, y su hermana, que demandó a la madre por abuso intelectual, se mudó con su novio.

El vínculo entre los padres, no obstante, no se rompió con la separación. Luego del divorcio, ella vendió la mansión a un terrateniente brasileño en 2016, quien a su vez contrató a los adultos para que se encargaran, todos juntos, del mantenimiento de la mansión. Así, Vaz trabajó un tiempo en este lugar, lo que en los hechos significaba su segundo trabajo, además de dar clases de inglés en un liceo hasta que fue suspendido por acumular demasiadas faltas.

Dos caseros de la zona recuerdan a Vaz como un “hombre amable”, que a veces los llevaba a la parada de ómnibus. También recuerdan la “amabilidad” de la mujer que los saludaba con simpatía cada vez que salía en su auto.

En la estación de servicio de la esquina donde vivió la última parte de su vida, los empleados contaron a El Observador que Vaz, sus hijos, su siguiente pareja y los hijos de ella siempre se movían en grupo y hacían todo juntos, así fuera comprar la leche para el desayuno.