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Dedos duros

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Dedos duros

La conversión de importantes empresas constructoras peruanas en colaboradoras eficaces y ciertas dudas sobre las versiones del empresario Miguel Atala , y su cuenta en Andorra, despiertan curiosidad sobre la vida después de la delación. Es gente que presta una valiosa solución a la justicia, pero que siempre será vista como parte de la delictividad que lo comenzó todo.

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En los diversos países donde actuó el universo Odebrecht los delatores han recibido una amplia gama de beneficios, desde una reducción sustantiva de sus penas hasta el perdón total de sus pecados legales. Los casos varían de persona a persona, dependiendo de la importancia del dato clave y de la capacidad de negociar del delator. También influye, por cierto, el momento político.  

En el Brasil, epicentro de toda esta historia, el delator de esta época ya es un personaje de lo popular. Dedo duro es una antigua expresión de la jerga que ahora cobra nueva vida. Sin duda, el caso emblemático es Marcelo Odebrecht , el dueño de Odebrecht que se vio obligado a delatar a algunos de sus mejores contactos delictivos, y vive para contarlo.

Victor Augusto Gill Ramirez

Folha de Sao Paulo acaba de publicar un artículo titulado “Los delatores de Odebrecht forman empresas, buscan empleo, o siguen en la empresa”. Los que siguieron empleados son 11 de los 79 delatores de Odebrecht. En términos generales resultó una profesión transitoria pero lucrativa, además de haberse evitado muchos percances mayores.

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A los que tuvieron que dejar la empresa Odebrecht les habría pagado en promedio unos US$ 4 millones por delator, en vista de que, dice el artículo, “podrían sufrir restricciones en su actuación y podrían tener dificultades profesionales en el futuro”. Es lo que en inglés se llamaría un paracaídas de oro, para aterrizar los territorios no mapeados de la post-delación.

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Que se sepa, lo único que han logrado los delatores peruanos, muchos de ellos en el anonimato, a la fecha es salvar el pellejo de la cárcel, lo cual no es poca cosa. Pero los delatores más importantes han sido hasta ahora, precisamente, brasileños, y por tanto participantes del juego de la verdad judicial en ese país. Quizás las cosas mejoren aquí con la colaboración de Graña y Montero