Sobreviví a una pernocta en cola para echar gasolina en Bolívar (+Crónica)

Venezuela, Sanciones, Investigación, Juicio

Fotos: Cortesía Era la número 11 cuando llegué a la estación de servicio, cerca de las 6:00 p.m., preparada para pernoctar en el lugar. A pesar de las horas, tendría la certeza de que cuando llegara la gandola, lograría surtir el tanque del carro, y no tendría la incertidumbre de si la gasolina alcanzaría o no. Conforme pasaban las horas seguían llegando carros, todos dormiríamos en nuestros carros. Unos trajeron banquitos para sentarse en la cera, cada uno con sus botellas de agua, algo de comida. Al menos los que estaban cerca de mi no habían llegado licor. «Cuando hice la cola el fin de semana pasado, amanecimos tomando ron, porque la cola la hicimos de sábado para domingo», me comentó un conductor.  La venta de puestos en las colas es un hecho, pero al menos entre los primeros 20 no había venta, aunque sí nos guardábamos los puestos por si uno tenía que ausentarse por unos minutos, pues debía estar pendiente de las revistas de la Guardia Nacional. Normalmente pasan a las 12:00 a.m. y luego a las 4:00 a.m., chequeando que no hayan puestos apartados con cauchos, conos o sillas. De haberlos, ordenan a los carros avanzar y no dejar espacios de por medio. A las 9:00 p.m. todavía pasaban muchachas vendiendo café, al igual que en la mañana. Esta vez pasaron a las 10:00 p.m, y empezaron a avisar a los que no estaban, otros perdieron el puesto cuando mandaron a los carros a avanzar. Pasamos la noche. Mi temor seguía siendo la delincuencia. Aunque éramos muchos y de vez en cuando pasaba la Policía, a pocos kilómetros hay una invasión, y tampoco era muy difícil que llegara un carro con delincuentes e hicieran su agosto con nosotros. Afortunadamente no pasó. En la mañana aproveché para ir al baño de un centro comercial cercano. Aunque fui caminando, me daría chance porque la estación continuaba cerrada y no había llegado la gandola. Pan y agua fue el desayuno, lo que me llevé. Si se me antojaba algo más podía cruzar la calle y comprar en Farmatodo, todavía me quedaba dinero suficiente en la cuenta bancaria, al menos para unas galletas y un jugo. Pensé que a más tardar al mediodía estaría lista, pero no. La cisterna llegó a las 3:00 p.m. No conforme con eso, después de estar de número 11 en la cola, tan pronto terminó de descargar la gandola aparecieron unos cuántos vehículos en la entrada de la bomba. “Él vino conmigo”, “Yo le estaba cuidando el puesto”, fueron algunas de las excusas de unos conductores, más otros que aprovecharon ser “amigo” del bombero o haberles ofrecido dinero para que los dejaran pasar. Todo bajo la mirada cómplice de los militares. Y pensar que Justo Noguera, el gobernador de Bolívar, se jacta en audios que tiene a equipos de inteligencia en las estaciones de servicio para que “naaadieee se colee”, que si van a ir presos, que si están botados, y su misma gente se burla de él. Terminé por echar gasolina a las 4:00 p.m., después de casi 24 horas en cola, limitada para ir a trabajar y hacer las diligencias diarias de ir al mercado, comprar aquello, pagar esto, entre otras. En casa hubo un consenso. El carro se usa para lo necesario y, en lo posible, en lugares cercanos, mientras menos tengamos que circular mejor. Al menos para que la gasolina dure la semana. Lo más angustiante fueron las quejas, pero nadie tenía respuesta sobre hasta cuánto estaban dispuestos a seguir aguantando esta situación. + Información