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“Volver al carnaval con Agarrate Catalina fue todo un trabajo de cabeza del grupo”

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"Volver al carnaval con Agarrate Catalina fue todo un trabajo de cabeza del grupo"

Por E.B

Levon Guiondjian está desde el primer momento en Agarrate Catalina, pero no le tocaba subir: coordinaba todo lo de abajo, cobraba los tablados y hacía de todo. Pero un día subió y no se bajó más. Hoy nos explica esta vuelta de la Catalina tras siete años de ausencia. “¡Esto está divino! Uno cuando está afuera no se da cuenta cuánto lo extraña, pero está divino. Ya la segunda vuelta es como que tenés más entrenamiento, venimos con bastantes tablados, por suerte, y como siempre la gente es algo impresionante”.

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¿Cómo fue aquella primera subida en la ronda anterior? Porque era volver después de unos cuantos años.

Siete años, la primera vuelta salió bárbara, pero para algunos fue un día complejo de cabeza, como diciendo “vuelvo a esto, no sé cómo está, no sé como me van a recibir”; tiene eso volver a subirte al Teatro. La gente con nosotros siempre es positiva, pero tiene eso del debut, porque acá debutás todos los años. Si bien la murga nunca se quedó parada, no es lo mismo venir al teatro. La primera rueda fue de muchos abrazos ahí atrás, de mucha contención propia y del grupo durante el día, vamos arriba y vamos arriba que tenemos que volver, una cosa divina. Y ahora en la segunda ya nos hacemos los cracks y todo, nos pensamos que andamos volando

Pero anduvieron muy bien, cambiaron algunas cositas, aunque aún no vi el himno al Torque.

La cosa es que tenemos muchas cosas más escritas y presentadas. Nos pudimos dar el lujo de agregar alguna cosa, alguna otra, como vos decís, que mostramos en los tablados, acá no la hemos hecho, todo está bueno, pero despiadadamente son 45 minutos de actuación y así se pasa el cuchillo, llorando, recortando cosas para llegar al tiempo, pero no hay otra

La murga hoy tiene algo diferente que no lo sé reconocer, te iba a decir madurez, pero ya la tenían, hay algo diferente.

Están los componentes nuevos, hablábamos hace un rato con Álvaro Imbert y Agustín Pitaluga, que ellos, que son los nuevos, ya hace cinco años que están, aunque han salido en estos años en carnaval con otras murgas, de hecho, Agustín viene de ser primer premio con Los Saltimbanquis. Es una locura de tiempo, han venido a la murga más que yo. En el invierno, como la murga labura tanto, se tuvieron que subir, se pusieron la mochila y vamos arriba, y vinieron mucho más que varios de nosotros que hace tiempazo que estamos. Yo hace 16, 17 años que estoy en la murga

Vos no subías, vos coordinabas.

Claro, estaba para cobrar los tablados, tenía que hacer de utilero, tenía que hacer de todo; me faltaba ponerme el plumero, pero esto está divino; el grupo, supermaduro, muy maduros para cantar; no es que haya cambiado mucho con respecto a años anteriores, pero todos estamos un poco más viejos, un poco más grandes, cambian los timbres, cambia todo. Realmente lo que está bueno es que tenemos la posibilidad de actuar tanto durante el año, que después nos sentimos bien actuando en cualquier lado. Nunca estamos sobrados, pero nos sentimos bien arriba de cualquier escenario. No es que parás siete años, te vas para tu casa y un día venís al Teatro de Verano

¿Cómo fue ese proceso? Decidir salir, dar prueba, trabajar mucho antes y en algo distinto mientras trabajaban en invierno.

Hubo muchos procesos mentales, están las pruebas, las reuniones para ver si salimos. Hay una realidad, hay gente que se entera y otra que no, pero la murga está todo el tiempo afuera, esta gira, tal cosa o tal otra; hasta que alguien dice “queremos volver”. Claro que queremos volver, nos habíamos comido un piñazo [dieron prueba el año pasado y no la pasaron], pero estábamos dispuestos a comernos otro. Será por lo que será, pero nos comimos un piñazo, ese miedo jugó. ¿Salimos? ¿Apostamos de nuevo? La gente nos pide, nosotros tenemos muchas ganas de salir a hacer esto de nuevo y son muchos procesos en esas reuniones en invierno, con mucho frío. Tabaré decía: “Tenemos ganas de salir, tenemos ganas de escribir”. Todos tenemos ganas, pero ¿cómo vamos a hacer? ¿Cuántos somos? Somos treinta; hoy, haciendo tablados, somos 21. El trabajo de cabeza de esta gente, además de escribir el espectáculo, es el de coordinación, decidir todos los días qué vamos a hacer en el tablado, quiénes suben, es un desgaste muy grande, a todos los conjuntos les pasa que ponen lo mejor, tienen tremendo desgaste, pero yo lo que veo de adentro de mi murga es que lo que se labura es una cosa de locos; todo el tiempo pensando en cosas para mejorar, en el grupo, en el cuadro, en las cosas distintas de todos los días, es tremendo proceso

Está claro que el disfrute está cuando suben.

¡Claro! Porque en casi todos los tablados subimos todos, en algunos no podemos por las dimensiones, pero el disfrute está cuando estamos todos ahí arriba, nos matamos de la risa y nos hacemos cualquier joda. Acá en el Teatro lo disfrutamos porque estamos acostumbrados y está buenísimo venir acá, pero esto tiene parte solemne, que no le podés escapar. Si lo vamos a hacer, vamos a ponerle cabeza, para que salga de la mejor manera posible, si no, no lo hacemos como en estos últimos siete años, o bueno, seis años y uno que quisimos y no pudimos. A meterle cabeza y vamos arriba

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